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Dossiers and Documents : Discussion Papers : Non-state Actors and World Governance

Non-state Actors and World Governance

Los actores no estatales siempre han jugado un papel esencial en las regulaciones mundiales, pero dicho papel está destinado a crecer de manera considerable en este comienzo del siglo XXI.
Los actores no estatales siempre han jugado un papel fundamental en la gobernanza mundial

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Non-state Actors and World Governance

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Pierre Calame ¤ 2 June 2008 ¤
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El tema del lugar que ocupan los actores no estatales en las regulaciones internacionales no es un tema nuevo pero, con el aumento de las interdependencias, adquiere una nueva dimensión. Los Estados, a lo largo de toda la historia, distan de haber sido los motores, y menos aún los únicos promotores, de nuevas regulaciones internacionales. Podemos decir inclusive que la concepción de la acción internacional de los Estados está determinada y limitada por la concepción del Estado mismo.

El modelo que surgió en Europa luego del Renacimiento, y cuyas grandes características se definieron en el tratado de Westfalia de 1648, tiene por objeto exclusivo los intereses nacionales. La proyección más allá de las fronteras nacionales siempre se definió con respecto a los intereses nacionales, tanto si se trataba de la conquista de nuevos territorios como de la defensa del territorio existente o bien de la conquista de nuevas fuentes de materias primas a controlar dentro de una lógica imperialista. Esto significa que no sólo los Estados no tienen el monopolio de la acción internacional y de la implementación de las regulaciones transnacionales necesarias para la gestión de las interdependencias sino que, además, en cuanto abordan las regulaciones internacionales, chocan con un significativo obstáculo político y filosófico.

Las características genéticas del Estado Westfaliano, aunque definidas históricamente al servicio de monarquías más o menos absolutas, se vieron reforzadas, más que atenuadas, por la extensión casi general de regímenes democráticos. A la naturaleza genética del Estado se agrega entonces la naturaleza de las partes involucradas: los ciudadanos están preocupados por los intereses locales y nacionales; a través de la elección de sus dirigentes se proyectan más allá de sus fronteras y, cuando se da el caso, prefieren hacerlo a través de las organizaciones no estatales, sin fines de lucro.

El modelo fundamental de los Estados-nación es el del acuerdo internacional sobre objetos claramente delimitados y de interés común y no el de un abandono de soberanía en beneficio de instancias que trascenderían los intereses nacionales.

La Unión Europea, que ciertamente se benefició para su construcción del traumatismo generado por la Segunda Guerra Mundial y de la constatación de que la defensa absoluta de las soberanías llevaba en definitiva al suicidio colectivo, es el único modelo histórico actualmente disponible para concebir una superación de las soberanías.

Históricamente, los actores no estatales son quienes han superado resueltamente el nivel nacional. Esto se observa en el ámbito económico, con las Compañías de Indias en los siglos XVII y XVIII y luego con las empresas coloniales del siglo XIX. Esto también es válido para movimientos como La Cruz Roja, la lucha contra la tortura, la abolición de la esclavitud o incluso la promoción de organismos internacionales como la Sociedad de las Naciones y luego las Naciones Unidas y hasta la construcción europea (pensemos por ejemplo en el papel de La Haya, de la que se celebra en estos días el 60º aniversario).

El papel de las organizaciones no gubernamentales en la vida actual de las Naciones Unidas es tan importante, ya sea en el terreno del lobbying, de la investigación, del análisis político o de la alimentación con ideas e informaciones nuevas, que Richard Jolly y sus colegas no dudan en hablar de las “Naciones Unidas N°3”. Las mismas están constituidas por organizaciones no gubernamentales, la Asamblea de los Estados que constituyen las “Naciones Unidas Nº1” y los secretariados de las agencias de las “Naciones Unidas Nº2”. [1]

Para repensar en términos históricos la capacidad de nuestras sociedades para proyectarse más allá de un horizonte limitado, es necesario poner en paralelo el desarrollo de los intercambios mercantiles y la difusión de las ideas y las convicciones. En general, los empresarios y los comerciantes son quienes han tendido puentes entre civilizaciones, desde la ruta de las Indias hasta la política de implantación de las posesiones coloniales. Las iglesias, en particular las iglesias cristianas y el Islam, fueron las primeras instituciones internacionales, portadoras de un pensamiento sobre lo mundial y sobre la humanidad según modelos varios. La Iglesia católica de modo jerarquizado, las Iglesias protestantes y las distintas comunidades musulmanas sobre un modelo descentralizado.

El modelo de la ciudad griega se fue expandiendo sobre inmensos territorios a través de las conquistas de Alejandro a lo largo de la Baja Antigüedad. En Europa, los médicos y arquitectos itinerantes de la Edad Media y los filósofos del Siglo de las Luces promovieron el intercambio de ideas mucho más allá de las fronteras nacionales.

La relación entre estatal y no estatal siempre ha sido compleja. Las compañías coloniales de comercio recibieron poca o ninguna protección nacional. En Islam y en el mundo cristiano, las relaciones entre poderes temporales y poderes espirituales han sido frecuentemente estrechas. Lo que finalmente constituyó el tejido de las relaciones internacionales fue la combinación del pensamiento del Iluminismo y de las conquistas de Napoleón y luego, en el siglo XIX, la combinación de las conquistas militares y de la difusión de nuevas reflexiones.

Más cercano en el tiempo, el papel de las grandes fundaciones norteamericanas sobre el escenario político norteamericano e internacional desde principios del siglo XX – cuando Andrew Carnegie y John Rockefeller crean las primeras fundaciones modernas- ha sido siempre importante. En el contexto particular de los Estados Unidos, las relaciones entre fundaciones y mundo político siempre fueron intensas, a tal punto que en 1969 el Congreso estadounidense aprobó una ley para restringir las actividades políticas de las fundaciones privadas, transfiriéndose en parte dicha actividad a los think tanks. De un modo u otro, las fundaciones norteamericanas jugaron un papel importante en la difusión internacional del modelo norteamericano, ya sea en concordancia, como durante la guerra fría, o en tensión, como ocurre más bien en la actualidad. Partiendo de la constatación de los límites del accionar del Estado, algunas se emanciparon y disponen ahora de su propia agenda de acción internacional.

Retengamos de este primer punto que el papel de los actores no estatales en la construcción de regulaciones internacionales es tan viejo como el mundo, que existió antes que el de los Estados y que la relación “más allá de las fronteras” siempre combinó actores no estatales e intervenciones estatales.

[1Informe anual de la Foundation Center, año 2005

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