Two dangers constantly threaten the world: order and disorder. Paul Valéry The world is for the public good, such is the Great Way. Confucius . . . for with freedom come responsibilities. Nelson Mandela Henceforth, our country should be the universe. Flora Tristan *

Dossiers and Documents : Discussion Papers : THE UN AND WORLD GOVERNANCE

THE UN AND WORLD GOVERNANCE

A modo de conclusión (provisoria)

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THE UN AND WORLD GOVERNANCE

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Arnaud Blin, Gustavo Marin ¤ 7 January 2009 ¤
Translations: français (original) . English .

Las Naciones Unidas forman parte de la dinámica de las relaciones internacionales desde hace más de seis décadas, a lo largo de las cuales muchas cosas han cambiado, incluida la perspectiva que cada individuo puede tener de su lugar en el universo. La ONU está presente en muchos ámbitos, y quisiéramos que su presencia fuera aún mayor. A través de sus muchas agencias especializadas, a veces hace milagros, incluso con los medios extremadamente limitados con los cuenta. Si el mundo ha evolucionado, la ONU también supo adaptarse y a veces hasta preceder e influenciar los cambios estructurales profundos que transformaron el curso de las cosas y de la historia. En el plano de las reformas también, la ONU, a través de su Secretario General, intentó abrir el juego, a veces con relativo éxito.

Por ello, la ONU encarna el pensamiento de otra época, mientras que sus estructuras fueron hechas de entrada en un molde rígido que, en primer lugar, favorecía a las grandes potencias, cuyo campo mental no superaba el de una gobernanza mundial regida principalmente por la dura ley de las relaciones de fuerza. Es cierto que la ONU logró suavizar esa ley y hasta humanizar aunque sea un poco las reglas de juego. Pero la ONU no fue creada en ningún caso para ser libre de la voluntad de los Estados que la constituyen. En la actualidad, cuando los principales problemas del mundo se deben a una quiebra de los aparatos estatales o bien alcanzan una dimensión que supera el marco de las relaciones interestatales, está claro que es necesario instaurar una nueva arquitectura de la gobernanza mundial.

¿Qué lugar ocuparía la ONU dentro de esa arquitectura? Es evidente que la ONU tiene un papel importante para jugar actualmente en un mundo inestable que, para bien o para mal, no se rige por ningún sistema de estabilización geopolítica o geoeconómica. Pero la ONU, por su constitución original, es incapaz de trascender la dimensión estatal, dentro de la cual está inevitablemente encerrada. Su accionar simbólico es vital, pero nada indica que un día vaya a disponer de los medios materiales correspondientes a sus ambiciones.

Más que esperar y reclamar que la ONU haga lo imposible, atando su accionar para luego criticar su falta de resultados, nos parecería más juicioso en el futuro restringir sus mandatos, pero dándole verdaderos medios en los ámbitos elegidos, por ejemplo en los campos de la salud, el hambre o la educación.

En otros sectores, incluido el que dio origen a la creación de las Naciones Unidas (el de la guerra y la paz) queda claro que es necesario instaurar otros mecanismos, si no queremos seguir en la desilusión perpetua. En ese terreno, la ONU está muy lejos de contar con los medios para actuar de manera eficaz y los países miembros, empezando por los cinco miembros del Consejo Permanente, no tienen y probablemente nunca tengan la voluntad de hacer concesiones. Además, la evolución de la guerra y de la paz requiere de una reformulación completa de los aparatos militares, de las estrategias y de la noción misma de ejército. Sólo en el ámbito de las operaciones de mantenimiento de la paz, es evidente que las cosas deben evolucionar sensiblemente y que se está preparando, o debería prepararse, una revolución en esa zona particularmente sensible. Por lo demás, no pareciera ser que los Estados estén dispuestos a abandonar sus prerrogativas en este campo que, más que ningún otro, sigue obedeciendo a las leyes ancestrales de la gran política: las leyes de las relaciones de fuerza. Sería sensato aceptar, por último, la idea de que la ONU no podrá hacer en el futuro más de lo que puede hacer actualmente y que su energía podría ser mejor explotada en otros campos. En este sentido, una reorientación de las actividades de la ONU parecería, en la práctica, tener más posibilidades de éxito que una reforma de fondo.

En otros términos, el papel que podría jugar la Organización de las Naciones Unidas en la gobernanza mundial del siglo XXI sería más vital aún si otros elementos completaran, apoyaran y suplieran su accionar. ¿Qué tipo de elementos? Hasta ahora se ha focalizado sobre todo en esquemas que, en su gran mayoría, implican una actividad más menos institucionalizada, lo cual ubica una vez más a los Estados en el centro de la solución. Así, por ejemplo, tenemos la idea de un nuevo “concierto” de las naciones o de las potencias (Michael Lind [1]), la de una liga de democracias (John Mc Clintock et Xavier Guigue [2]), la de los agrupamientos regionales (Pierre Calame [3]), o bien la de un « G8/G20 » ampliado (Johannes Lynn y Colin Bradford [4]). Sin embargo, es importante que otros actores – sociedades civiles, ONGs/OIGs, empresas, etc.- participen imperativamente en la gobernanza mundial. ¿De qué manera? ¿Con qué medios?¿Con qué objetivos? Las respuestas a estos interrogantes son eminentemente complejas y superan ampliamente el marco del presente ensayo. No obstante ello, nos parece que en la actualidad no es posible ni deseable una solución única, incluida la de la ONU, tal como podía parecerlo hace no tanto tiempo atrás. La arquitectura de una nueva gobernanza mundial debe ser descentralizada y difusa, flexible y adaptada, eficiente y sustentable. Ya ha pasado la hora en que todos los problemas del mundo podían teóricamente solucionarse en un solo lugar. El nuevo tipo de arquitectura, menos estético, podría en cambio ser mucho más eficaz de lo que ha sido hasta ahora el edificio de la ONU. Queda por ver que, como para cualquier edificio arquitectónico, los problemas a resolver son muy precisos. La arquitectura de una nueva gobernanza mundial debe también, en consecuencia, ser igualmente precisa. Y debe responder preguntas esenciales: ¿para quién?¿por qué?¿cómo?¿con qué objetivos?¿quién decide qué? En otros términos, al igual que para cualquier organización humana, se plantea el problema de la legitimidad. Hasta ahora, los Estados tenían el monopolio de la legitimidad política. De ahora en adelante, habrá que redefinir las normas de una nueva legitimidad.

[1Michael Lind, The American Way of Strategy, Oxford : Oxford University Press, 2008.

[2John Mc Clintock, With the collaboration of Xavier Guigue, The Uniting of Nations, an Essay on Global Governance, Bruxelles, Peter Lang, 2007.

[4Johannes F. Linn and Colin J. Bradford, “Summit Reform : Toward an L 20, in C. Bradford and J. Linn Global Governance reform, Breaking the Stalemate, Washington, Brookings Institution Press, 2007, págs. 77-86.

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